martes, 21 de abril de 2009

Tishe!. El voyuer egolatra. ( click ver pelicula)



El cine. Fruto del ventanal.

Todo hogar existente consta al menos con una ventana; ese hueco en la pared representa directamente una alternativa entendida como escape al aislamiento. En otras palabras, implica una libertad para los ojos. Este hecho nos convierte en voyeuristas (incluso en edad temprana, donde miramos desde la ventana al riesgoso e inalcanzable mundo) buscando detalles y acciones que escapen a nuestro cotidiano. La ventana en nuestro hogar incita al placer erótico que implica el espigamiento, el observar sin ser vistos.
Si no existiesen las ventanas no existiría el voyeurismo (ni los programas del corazón, los realities y tantas otras cosas), pero el acto de mirar es completamente cotidiano y el cine traslado a la pantalla esa cotidianeidad desde su nacimiento. Los primeros filmes Lumierè retrataba el fluir del mundo y las vibraciones de los seres que habitan en él. Luego el cine devino en un monstruoso Frankenstein con la aparición de Meliés; desde allí hasta nuestros días con un cuadro de situación concreto; dos polos innegables: Ficción-Documental. Meliés-Lumiére.
Se debe tener en cuanta -para evitar errores- que esta división no resulta ser inmutable, los limites se colonizan mutuamente con la existencia de ciertos filmes cuya naturaleza impide una clasificación tan rígida. Esto sería caer en una ciencia del arte, que espanto…
Dentro de estos filmes se hallan falsos documentales, video arte, performances, video experimental y los documentales que reflexionan sobre la ficción desde su observación de la realidad; encontramos aquí el claro caso de Tishe! (Calla!), realizada por Victor Kossakovsky.

El cine piensa como Bazin. Entre el presagio y la contingencia.

El pensador Frances Andre Bazin estableció al cine como fruto del ventanal y la pulsión voyeurista. Lo entendió como una “ventana abierta al mundo” a través de la cual vemos la vida tal cual es, en la cual espiamos a personas (personajes) que viven en un mundo reflejo del nuestro, nuestro doble encerrado en los marcos de la pantalla. Esta “ventana abierta al mundo” fue pensada en relación al Neorealismo Italiano, no obstante se desplegó a través del cine todo. Un cine que piensa como Bazin.
Para ejemplificar; un par de las obras que ponen en pantalla la reflexión Bazineana ,perteneciendo -cada una- a los distintos polos del audiovisual. La ya mencionada “Tishe” de Victor Kossakovsky, en el eje documental, y “La ventana indiscreta” realizada en 1954 por Alfred Hitchcock por el lado de la ficción. Sintetizando, Kossakovsky registra a través del la lente de su cámara lo que ocurre debajo de su departamento en vísperas de un nuevo aniversario de la ciudad, por su parte en “La ventana Indiscreta” James Stewart representa a Jeff, un reportero que observa – a causa de una imposibilidad motriz- todo lo que pasa en el edificio ubicado frente a su casa; valiéndose ,para ello, de todos los medios que se encuentren a su alcance. Lo vital en ambos casos no es lo que se narra sino lo que expresan. Ambas hablan del cine como espectáculo, como acto de ver en el ocultismo de la sala, como satisfacción mediante un escape del mundo real hacía su simulación directa y perfecta.
Los filmes evidencian al cine como “ventana abierta al mundo” pero desde lugares distintos; la una desde la representación que implica siempre un plano presagiado y la otra desde la observación directa de la realidad que implica siempre un plano contingente. La ficción siempre se establece desde lo premeditado, desde una estructura sólida que parte de un guión literario, pasa por un guión técnico y se encuadra en base al espacio arquitectónico. Se pone en escena. Todos los planos que forman el filme han sido pensados por el director-equipo, se han construido para representar; más allá de que en la práctica difieran de lo que se ha establecido, siempre son presagiados. Por el contrario el documental trabaja con un gran margen de azar, de sorpresa y de vibración inusitada del mundo; en el plano contingente la realidad se mueve erotizando a la cámara que retransmite al espectador lo que sucede, todo llega a nosotros producto de la imantación que sufre la lente frente a los destellos de la realidad. ¡Que viva la sorpresa, la ruptura del plano y la libertad!. El plano en el documental es contingente porqué depende de las disposiciones de la realidad; que siempre se comporta como una jauría de hombres en celo que desean ser vistos. “Tishe!” busca el plano en el accidente constante que es el mundo; “La ventana indiscreta” hace transcurrir al mundo representándolo como si fuera real.
Desde sus lugares particulares son lo mismo –y a pesar de las rígidas divisiones-, se trata de cine meditando sobre cine, que no es más que el movimiento a través de una ventana y frente a nuestros espigadores ojos. El cine, una imagen entre la contingencia y lo premeditado.

Extracción del velo. Tishe! al desnudo.

El documental observacional cuenta con una serie de características concretas, en lo referido a lo técnico, se debe contar con un equipo liviano que le permita a un grupo reducido de personas trasladarse sin contar con complicaciones; resulta fundamental, también, un equipo para el registro sonoro en sincronía con el visual. Hasta aquí “Tishe” de Victor Kossakovsky cumple con las expectativas en tanto que se trata de una cámara de video con micrófono incorporado para el registro simultaneo de las observaciones.
El caso específico del modo observacional, en cuanto a lenguaje, requiere una presencia ausente del director y su cámara; esto quiere decir que el realizador se introduce en el mundo histórico ya existente –sin necesidad de él- para registrar hechos sin emitir juicio alguno. Para alcanzar esta “objetividad” la imagen se mantiene natural, en otras palabras, no es manipulada.
Utilizando una lectura textual en superficie “Tishe” cumple con este modo de documental en tanto que consiste en un realizador tomando a la realidad que fluye frente a la cámara y en esa toma los actores sociales no modifican su comportamiento por la presencia de la cámara; pero el análisis evita agotarse llegando a descubrir que tras el velo de simple observación se encuentra una reflexión profunda sobre la construcción audiovisual como representación; lo magnifico es que esto se emprenda desde un documental que aprende a la realidad en su constancia.
Partiendo de la musicalización ya la observación deja la inocencia de lado; las melodías interpretadas por Alexander Popov y Tatiana Melentieva logran que la realidad se derribe para cederle lugar a la pura poesía de un hecho cotidiano vuelto cinematografico; la sola presencia de un Haiku Japones que hace danzar a los objetos para convertirlos en cuerpos errantes. Los vuelve fantasmas cinemáticos que adquieren una emotividad implícita en la realidad pero el cine explicita. Es el caso de los reflejos en el agua tomados en detalle, los microritmos del vapor que lentamente se desvanece sobre calle, un globo que gira en su soledad o una pareja que baila casi coreográficamente. Gestos que dejan de ser realidad para ser representación fílmica; Kossakovsky pone a las claras que una simple melodía logra que la realidad sea apta para ficcionalizarse.
Las noches desde la ventana de Kossakovsky son intensamente rojas, la imagen es claramente tratada en su tinte, y ese “tratar” la imagen es pura manipulación, la noche real en la calle es oscura, la noche fílmica es roja. Así el cine establece sus parámetros aceptados a lo largo de la historia, sin que por eso se deje de creer en la representación; que por otro lado no es más que construcción; o mejor dicho, obra en construcción, como la que se sucede frente a la cámara espía de Kossakovsky, suceso ideal para metaforizar al aparato cinematográfico, el realizador va construyendo su film desde el azar mientras a la par los obreros elevan su propia obra de arte. Tishe! se va formando día a día a la par que la calle; Tishe va desarrollando sus órganos vitales, manos y piel, piel debajo de la cual se mueve un Vertov que toma a la realidad por sorpresa, pero Kossakovsky –como hijo adolescente, fresco y revelde- en lugar de hacer lo que su padre quisiera, se deja sorprender por la realidad.
Cada minuto de vida costa con la duración de 60 segundos, eso es tiempo real, el cine observacional hace durar el acontecimiento lo que el acontecimiento dura, sean treinta segundos o treinta minutos, esto es una regla de oro. Sin embargo, y a pesar de estar registrando al mundo histórico, Kossakovsky altera la percepción real del tiempo mediante una aceleración de la imagen. Por otro lado, los acontecimientos son recortados por elipsis dentro del plano, es decir, en ambos casos los fotogramas se suceden en una cadencia no natural. Otra vez la manipulación se hace presente y el corrimiento desde la mera observación a la reflexión es evidente. Pareciera que “Tishe” expresara –según mi modesto parecer- la idea de que el espectador no soportara la densidad del tiempo real, como si el fluir de la vida fuera demasiado lento para tornarse tolerable, razón por la cual el espectador escapa a la sala cine, en la cual el film interviene cumpliendo –una vez más- nuestros deseos; se inventa la aceleración temporal, la densidad real pierde fuerza y entramos a ser una pieza más del monstruo.

El voyuer egolatra. Epilógo.

Como expresa Jean-Louis Comolli en “Viaje documental al mundo de los reducidores de cabezas” existe un derecho a la imagen “…¿De que derecho se trata? Sin duda del de controlar la producción y difusión de su propia imagen, detenedores de derechos de propiedad sobre esta o estas imágenes de nosotros mismos y después, pudiéramos ser el autor, el creador, no sé, el empresario, el domador…el productor de ellas. Toda pretensión sin sentido es temible…Nuestra imagen no tiene nada que ver con nosotros. Inclusive si esa realidad nos molesta. Nuestra imagen no es y nunca será nosotros. Es un desvío, o mejor aún, una reducción…”. Comolli dice que el cine implica un cuerpo captado por una maquina en manos de otro cuerpo; ese primer cuerpo ya no es lo que era porqué luego de la captura ya es cine dejando de ser realidad. El cuerpo es nuestro pero las imágenes del mismo son de un tercero.
En la práctica el voyaeur es un ególatra neto que se vale de este derecho a la imagen para obtener placer personal y en ese acto captura a los seres para volverlos eternos. En el caso de“La ventana indiscreta” se metaforiza la práctica, pero “Tishe” presenta a las personas (personajes) que están siendo filmadas mientras son ellos mismos en el pleno proceso de vampirización, su cuerpo les deja de pertenecer para pasar a ser parte del perpetuo fílmico.
El cine, ya se dijo hasta el hartazgo, es un doble del mundo que se presenta ante nosotros -espectadores- en forma de antídoto a nuestra necesidad espía. Necesidad saciada desde el documental (caso “Tishe!”) y la ficción (“La ventana indiscreta”) que ponen a la vista el proceso que vivimos frente al film. En un primer momento observamos desde la comodidad del ocultismo (Jeff/ Kossakovsky observan a sus vecinos), sin embargo el mundo que vemos nos captura y ejerce una fuerza hipnótica que no nos permite dejar de ser parte de él (las vibraciones de la realidad en Kossakovsky, el supuesto asesinato en Hitchcock). Finalmente el anonimato se desvanece (Jeff es descubierto, Kossakovsky corre serios riesgos al filmar un escape de reos); somos vistos en el acto voyeurista cuando el filme termina y el mundo cierra sus persianas ante nosotros, la vida sigue… pero en la crudeza de la realidad. Se recomienda paciencia, solo hay que aguardar hasta que las luces se apaguen nuevamente y el ciclo vuelva a empezar… si es que el cine no muere a manos de las imágenes multimedia…. deceso poco posible si se continua por el camino trazado entre el limite lo premeditado y lo contingente, entre la ficción y el documental. La experimentación para el renacer.

guillermo koch.

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